Veo lágrimas y llantos. Llantos de impotencia, de irritabilidad, de insatisfacción, de incapacidad, llantos de tristeza al ver como tu objetivo se escapa, llantos de dolor ante una lesión.
Aunque también veo llantos de alegría, de superación... de satisfacción total. De esos en los que los sentimientos se desbordan, en los que la felicidad no deja paso a ningún sentimiento más.
Si miro un poco más allá, también veo nervios. Muchos nervios acompañados de incertibumbre. Nervios antes de un disparo, un disparo que le da comienzo a todo.
También veo personas. Personas que a diario luchan por superarse, personas que dan a diario el 120% de sí, personas que disfrutan haciendo lo que hacen. Personas nuevas, tímidas y con miedo. Personas de siempre, de toda la vida... caras conocidas. Personas que se fueron, que abandonaron, que tiraron la toalla. Aquellas por las que se gira la cabeza al pasado con una sonrisa, esas que nos regalaron tanto buenos momentos.
También veo amigos, muy buenos amigos. Amigos de esos que duran para siempre, amigos que antes fueron enemigos y esos que simplemente son "compañeros de entreno".
También veo a un entrenador, que se ha partido la cara por y para sus discípulos. Aunque también puedo ver el sentimiento eterno de agradecimiento de estos por el que siempre consideraron y considerarán su segundo padre.
Veo recuerdos, miles de recuerdos. Recuerdos muy felices y otros que no lo fueron tanto.
También veo unos colores, un equipo, una piña que trabaja duro los 365 días del año.
Veo momentos inolvidables, campeonatos inigualables e insuperables.
También veo ciudades. Con su correspondiente campeonato, con cada fecha y cada sol distinto.
También veo una historia, una historia que comenzó hace muchos años (casi 17, ni más ni menos), cuando ni siquiera superaba el metro de altura, cuando ni siquiera tenía 4 años.
Porque sí, este deporte no se elije, se disfruta. Se vive, se crece. Te atrapa. Porque este deporte me lo ha dado todo, porque detrás de este simple "trozo de caucho rojo" hay una historia, una intensa y larga historia, que aún está por continuar.
También veo unos colores, un equipo, una piña que trabaja duro los 365 días del año.
Veo momentos inolvidables, campeonatos inigualables e insuperables.
También veo ciudades. Con su correspondiente campeonato, con cada fecha y cada sol distinto.
También veo una historia, una historia que comenzó hace muchos años (casi 17, ni más ni menos), cuando ni siquiera superaba el metro de altura, cuando ni siquiera tenía 4 años.
Porque sí, este deporte no se elije, se disfruta. Se vive, se crece. Te atrapa. Porque este deporte me lo ha dado todo, porque detrás de este simple "trozo de caucho rojo" hay una historia, una intensa y larga historia, que aún está por continuar.
FDO: Ainhoa Díaz, Atleta desde los 3 años.



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